Día 70


Aprendimos que diez semanas son setenta días compartidos,

pues si hay vivienda y alimento, el aislamiento llega a ser muy bello,
pero si el hambre y el frío inundan todo, no hay nada poético en el encierro.

El hambre quema el estómago con profes tradicionalistas o teachers webcam,

la miseria y la pobreza no se cubren de armonía aunque la acallen con bombas del ESMAD,

y el miedo no es menos aterrador porque el macho violador esté en casa con permiso gubernamental.


Siete semanas después aún conservamos el trabajo,
tenemos como pagar la renta y los servicios,

alimento en la mesa, agua en la ducha y electricidad para las noches.
Para nosotros no ha sido insoportable,

el trabajo casi se ha duplicado pero aún somos empleados.

Pero, ¿qué ha pasado ahí en los cuartos de los hogares sin empleo?

¿Qué se sirve en las mesas donde no hay ingreso?

¿Qué? En un país donde la solidaridad suele ser un entusiasmo,

¿Qué? En un país donde los corruptos se han vuelto más ricos.


Día 70 y en las noticias no parece que estemos en una nueva era.
Las calles y carreteras ya no están insoportablemente llenas de autos,

pero el racismo sigue asfixiando a los afroamericanos en las calles imperiales.

Los mares y los ríos tienen menos barcos cortando sus olas y atravesando sus cauces,

pero el racismo estructural sigue en plan genocida contra las comunidades indígenas amazónicas.
Los cielos ya no son rasgados por miles de aviones,

pero prefieren gastar billones colocando a unos pocos en órbita,
mientras el planeta se mueve hacia un abismo ecocida.


1, 2, 3… 68, 69, 70: día tras día he ido contando el tiempo de aislamiento,

1, 2, 3… 288, 289… la impune matanza de personas líderes y lideresas defensoras de derechos humanos.
1, 2, 3… 196, 197… el cobarde asesinato de exguerrilleros y exguerrilleras que creyeron en promesas de paz.


Aprendimos que diez semanas son setenta días de aislamiento social preventivo,
pero extraño las calles latinoamericanas inundadas de crecientes protestas,

añoro esos caudales de gentes insurrectas, insumidas henchidas de dignidad y sueños,

porque el virus no asumirá la histórica utopía de un planeta sin patriarcado, sin racismo y sin capitalismo.


29-05-2020.

Cali – Colombia.