C. AUTORETRATO


1. Mi nombre es Nilson Ruales Santacruz y tengo dos hermanas, una mayor y otra menor, soy el del medio y con todo el honor de La Hormiga Putumayo. 4. Como los jóvenes de mi generación y de las costumbres de mi pueblo, estaba destinado a empuñar un arma o vender drogas, con alto riesgo de terminar en las filas de grupos armados, mi futuro era tricolor, rojo, blanco y negro, y a falta de motivación por las posibilidades reducidas que se gestaban al son de los cocuyos, me aventure a estudiar Ciencias Naturales en la ciudad de Cali y rompí con la tradición familiar de trabajar duro el campo cogiendo café, yuca o coca y prestar servicio militar como quería mi padre, y estudié Química. 11. Nací en la parte baja del país, en la región amazónica, tierra de nadie y olvidada por todos, donde grupos armados y narcotraficantes se disputan el territorio por el mercado de la droga. Así crecí entre el Putumayo, Nariño y el Cauca, y eché raíces en el Valle del Cauca, pero mi espíritu sigue siendo sureño. 18. Tengo treinta y tantos años como se dice normalmente, sin embargo mi historia es la del superviviente, la rueda de la fortuna me castigo dos veces con la muerte, y al volver a girar me premió con la vida, tenía el pecho atropellado por la infamia del conflicto y apretaba los puños con torpeza y soberbia ante la traición y la justicia ciega, hasta que un torbellino de emociones reconstruyó mi corazón y deje de morderme los labios a la luz de un nuevo día cuando el tiempo se detuvo frente a mis ojos. Que sí, por la ciudad paseo, el pueblo lo camino tres veces al día, vagabundeo, por el camino itinerante de la ciudad febril en las convencionalidades comerciales o la moda ligera revoloteo como el mochuelo de la montaña, distraído en las festividades recurrentes del mundo, agitado e inquieto en el tiempo moderno cuyo jaleo concibo como una obra arte que revela lo insólito, cruel y atroz, y que se disfruta mejor desde lejos. Esa es mi paradoja en la era de la tecnología donde los cambios sociales, la política y el arte se encuentran en continuo movimiento y transformación. 19. Fiel seguidor de la máxima de Hermes Trimegistro, disuelva y coagula, que es una forma de decir que todo va cambiando y transmutando, en un mundo cada vez más complejo, donde parece ser que la estrategia es volver a las ideas sencillas y volver al campo donde mi vieja me espera. 23. Justo después de abrir los ojos, respirar hondo y saber que estamos vivos, existe un momento fugaz de armonía que se esfuma con el pasar del tiempo, segundo a segundo a segundo como si fuera un reloj de arena funesto, tan efímero y breve donde cada grano se repite inexorablemente como una historia interminable en un sueño, o como la belleza de la inocencia de un ser frágil que no se puede olvidar. 24. En la serenidad de la quietud, surge el nuevo mundo. En lo adverso, como un juego en cuarentena, la gente lo devora todo mientras la miseria es fulminada en un estornudo siniestro. 29. Si la injusticia nos conmueve, repito, es porque hay un mundo entero por ganar. Vuelvo y repito, no se olviden que los amo. 33. Mi niña tiene cuatro años y la adoro, somos absurdamente incorrectos cuando estamos juntos y aprovecho para serlo, cual si fuera un camino a lo natural o un retorno a la inocencia desde la quietud de la dura realidad hacia un mundo sorprendente de pequeñas cosas, de colores, insectos, olores y fantasía que simbolizan la resistencia en un laberinto interminable. 34. Es increíble como terminamos aceptando las cosas por el solo hecho de que no depende de nosotros, estamos tan acostumbramos de una manera irracional y paradójica a aceptar todo tipo de situaciones, sin aventurarnos a fantasear siquiera con otras realidades, o contradecirlas, que parece grotesco detenerse un momento y dejar de lado lo habitual, la efervescencia de un mundo convulsionado, diástole y sístole, lentitud versus ligereza, como la ternura del amor o la manía de la perversión o la inocencia de una niña precavida que resiste a la vulgaridad del mundo.